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Pareciómelo

Pedro Vallín

La taxonomía falaz (y 6)

La paranoia comunista. (La cigarra, la hormiga y Marx)

« El advenedizo y el robot (A este juego podemos jugar todos)


A los que hayan leído hasta aquí sin marcharse dando un portazo, airados o aburridos, no puedo despedirlos sin regalarles una anécdota que me ocurrió con un buen amigo comunista (y que conté ya bajo el paraguas de Divertinajes en un aprisco antiguo llamado El CinExín). Hay que considerar que, a la hora de desentrañar conspiraciones, la paranoia es un factor de aceleración fundamental. Quiero decir que los críticos culturales por lo general se quedan en aproximaciones tan ligeras como denostar por conservadora una película porque salen muchas barras y estrellas. En cambio, los comunistas son sofisticados, profundos y pormenorizados cual miembros del priorato de Sion en su capacidad para desplegar la paranoia. Trabajaba el que suscribe haciendo periodismo político y tenía buenos amigos bajo distintas siglas. Uno de ellos, economista de IU y ortodoxo comunista, me preguntó en tono indignado una lejana mañana si había visto HormigaZ (1998). Le contesté que sí. Me dijo que era un vergonzoso panfleto de propaganda anticomunista. Yo traté de rebajarle el enfado. Le dije que el conflicto del protagonista, que quiere buscar su identidad individual frente a la uniformización de la sociedad no era anticomunismo sino más bien una constante de la narrativa heroica e individualista de las sociedades protestantes. Ya, ya, me dijo, pero ¿tú te acuerdas de la escena en que están todos en el bar bailando al unísono? Sí, claro, ¿por qué? ¿Qué están bailando? No sé, no me acuerdo, contesté. Guantanamera. Coño, Cuba, exclamé.

Me dejó de piedra. Como no soy nada inclinado a la paranoia, pensé que se debería a un chiste de los guionistas, una malicia sin más trascendencia, pero lo cierto es que con ese argumento no podría convencer a mi amigo. No siendo de los que se dan por vencidos fácilmente, a la mañana siguiente volví a sacar el asunto y le dije que si aceptábamos que HormigaZ era una película anticomunista, entonces debía admitir que Bichos, una aventura en miniatura (1998) era una película anticapitalista. A pesar de que parezcan tan semejantes. Me miró de hito en hito. Le expliqué que en la película de Pixar, las hormigas trabajan durante toda una estación para que, concluida la recolección, los saltamontes, que no trabajan, vengan a enajenar una parte del fruto de ese trabajo. La plusvalía. El protagonista, Flik, liderará la revuelta de las hormigas productoras contra los saltamontes explotadores, alegoría de las clases pasivas extractivas. Conclusión: Bichos… narra una revolución marxista. Concluida mi perorata me sentía pletórico, me parecía que mi contraataque había sido concluyente e irrefutable. Pero, para mi sorpresa, mi amigo descartó mi argumentación como fruto de mi imaginación exacerbada y de mi proverbial inclinación a la esgrima retórica. Fue entonces cuando descubrí, no sin cierta pesadumbre, que la paranoia ideológica funciona sólo en una dirección: contra el perseguido.


Quizá la prueba definitiva de esa unidireccionalidad de los argumentos ideológicos aplicados a la cultura es que ninguno de los que hoy catalogan el malévolo triunfo de Argo en los Oscar como una maniobra propagandística e ideológica del gran capital pueden explicar, según ese apotegma, a qué diablos obedeció que una pieza tan progre y realista pero, cinematográficamente hablando, tan justita de méritos como En tierra hostil (2009), orillara en los Oscar a la todopoderosa Avatar (2009), película que recaudó casi tres mil millones de dólares y que es el auténtico portaaviones del cine estadounidense capaz de crear relatos universales de heroísmo y fantasía, el novísimo reciclaje del cine de evasión, siempre sospechoso de ser la segunda variable del pérfido par pan y circo. ¿Aquello qué carajo fue? ¿Un harakiri industrial? ¿Un ejercicio de humildad del Consorcio Sorbesesos Multinacional? ¿Un intento de redención del temible complejo industrial-militar? ¿O una cagada? Aún sigo esperando.





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